Difundir un arte olvidado

La danza histórica es ese patrimonio inmaterial, que si bien está más que presente imperceptiblemente en nuestro día a día por su imprescindible aportación a lo que hoy realizamos, sigue siendo el gran desconocido tanto de nuestros intérpretes e investigadores como del público al que dirigimos nuestro arte.

En un inicio, la danza histórica puede dar la impresión de una desconexión con el público, algo que otros estilos, como la danza contemporánea pueden conseguir. Aunque es cierto que pudo consistir en un arte más que elitista, teniendo en cuenta las circunstancias sociales en las que se desarrolló en su momento, parece que al igual que actualmente se acusa al ballet de consistir igualmente en un arte destinado a las élites, la danza histórica se aprecia de una forma cada vez más popular y es en los entornos más rurales donde se solicita su presencia, pues la exaltación local del patrimonio es lo que une a los habitantes de incluso el pueblo más pequeño.

Una vez superado el difícil y duradero proceso de convencer a los programadores de que es un arte que merece la pena difundir, comienza el momento de mostrar al público el desconocido arte que sus antepasados disfrutaron popularmente hasta el siglo XIX.

En mi más que breve experiencia en el mundo de la danza histórica tanto europea como española, he apreciado las grandes diferencias que tiene España en la recepción del arte frente a otros países y el gran potencial que tiene nuestro país en el aprendizaje de esta todavía minoritaria danza.

Mientras que en Francia, Inglaterra, Italia… tienen conocimiento de la existencia de este estilo dancístico, en España, aunque poco a poco hay un mayor nivel de conocimiento del arte, es todavía ínfimo. Eso afecta a la reacción popular tras un espectáculo. En Europa, aunque sin duda es un arte que podríamos decir que “entra por los ojos”, no les supone un sentimiento mayor que el que puede surgir tras ver un ballet completo con el que sientes una conexión emocional. Es más, aunque es un arte que gusta, suele dejar al público bastante indiferente.

¿Pero qué ocurre con España? Todo lo contrario. El desconocimiento de la existencia de este arte hace surgir en los espectadores un sentimiento de conexión inmediata que se puede apreciar desde el escenario. En primer lugar la aparición de un vestuario historicista (el cual tan solo es habitual ver en España en series televisivas o recreaciones medievales) causa un fuerte vínculo público-bailarín que se mantiene desde el momento que el artista pisa el escenario hasta que termina la función. Por otra parte, la elegancia que aporta este estilo de baile con la en ocasiones rapidez de movimiento a pesar de un traje muy pesado fascina al auditorio.

¿Cómo se vive desde el escenario? La divertida conexión con el público hace disfrutar este arte de una manera muy diferente a cualquier otro estilo de danza. Pues a pesar de que el público puede o no conocer otros formatos de danza, la perfecta sintonía entre la música y la danza histórica, junto con los espacios reducidos en los que se suele representar (lo cual favorece la cercanía con el público), provoca un efecto único en el que el espectador parece respirar con el bailarín incluso mover la cabeza acorde con sus movimientos.

Todavía faltaría un último elemento de búsqueda de nexo con el público. Es allí donde entra la investigación y el trabajo de músico y bailarín. Pues a pesar de que la danza histórica tiene una notación y una gran colección de tratados que nos permiten entender la manera en la que se bailaba (disponiendo de danzas ya coreografiadas recuperables), la gran mayoría de estos manuscritos pertenecen a otros países europeos, dejando en España una colección bastante breve de danzas con músicas puramente españolas.

Por ello mismo, considero fundamental la utilización de recursos históricos en la composición de nuevas danzas de estilo propio basadas en músicas de grandes compositores españoles que se encuentran a la altura de otros muchos músicos barrocos europeos. En mi caso concreto la recuperación de piezas bailables pertenecientes a compositores aragoneses los cuales conectan de un modo primario con un público entregado a su patrimonio.

Poco a poco, la apreciación de estilos diferentes de danza, saliendo de las programaciones exclusivas de los mismos estilos temporada tras temporada, parece incluir nuevos públicos a un arte olvidado en las políticas culturales españolas. La difusión y educación en danza histórica es fundamental para entender la importancia que tuvo y merece recuperar este patrimonio inmaterial.

Inés Turmo

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