Acuerpando las luchas sociales. El colectivo Territorio Doméstico y su relación con el cuerpo

La primera vez que escuché el término acuerpar fue precisamente en boca de Haizea Miguela Álvarez, una colaboradora del colectivo Territorio Doméstico especialista en comunicación y feminismo y activista de la Comisión 8M. Es precisamente sobre este colectivo de mujeres trabajadoras del hogar en lucha que versa este texto. Las “territorias” como ellas mismas se hacen llamar, han asumido esta conceptualización de corporeizar las luchas de una forma integral. No solo porque ellas mismas son víctimas y defensoras (su lucha política se hace desde sus propios cuerpos que sufren las injusticias de un capitalismo que mira con desprecio los cuidados y en especial el trabajo doméstico) sino porque desde el principio se han preocupado de formar sus cuerpos para un formato de reivindicaciones donde la danza y el movimiento son fundamentales. De este modo, han programado talleres de danza y han contado con la ayuda de bailarinas y coreógrafas en la concepción de sus acciones urbanas.

Los cuerpos de estas mujeres, migrantes en su mayoría, se han convertido en el vehículo con el que reclamar la atención de una sociedad que lleva demasiado tiempo mirando para otro lado. Una sociedad precarizada que no duda en ejercer de explotadora cuando se trata de ser empleadora en sus propios hogares. Territorio Doméstico ha hecho del pasacalles, la pasarela, la música y la danza un canal fundamental de comunicación de sus reivindicaciones. Esa estrategia de corporeizar las luchas se puede entender a través de sus coreografías como la que ejecutaron frente al Congreso de los Diputados en junio de 2018 para exigir la retirada de la enmienda 6777 a los Presupuestos del Estado que retrasaba una vez más la entrada de las trabajadoras domésticas en el Régimen General de los trabajadores (recordemos que en España las trabajadoras del hogar se encuentran desde 2012 en un régimen especial que les niega numerosos derechos que sí tienen la gran mayoría de trabajadores, esto en un sector con altos porcentajes de economía sumergida). Hoy podemos celebrar que al fin esa incorporación está algo más cerca, tras la aprobación de la ratificación del convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo el pasado jueves 9 de junio de 2022. No son pocos los periódicos que se han hecho eco de este avance histórico en materia de derechos laborales que no se hubiera producido sin los años de reivindicación y lucha de los distintos colectivos que, como Territorio, han mantenido abierto un debate fundamental en nombre de la igualdad. Una reforma laboral que nunca ha parecido la prioridad de los políticos del Congreso, quienes cuentan en su mayoría con mujeres en sus hogares que posibilitan sus apretadas agendas.

En el caso particular de Territorio Doméstico, su lucha atravesada por el cuerpo y la danza da cuenta de la diferencia entre la política del Congreso y la política de la calle. Sus cuerpos danzantes son precisamente mensaje y canal. Sus rostros la imagen de la precariedad pero también del inconformismo. Estas mujeres han acuerpado sus anhelos (que deberían ser los del conjunto de una sociedad que se considere igualitaria y justa) y han pisado fuerte para reclamar sus derechos como ciudadanas trabajadoras. ¡Sin nosotras no se mueve el mundo! gritan en sus acciones callejeras. Un mundo sustentado por cuidados invisibilizados, que ellas mueven con sus cuerpos en lucha. Unos cuerpos que además son su principal herramienta laboral, pues el suyo es un trabajo físico muy exigente.

Este escrito celebra los logros de Territorio Doméstico y su concepción física de la lucha social, apoyada desde el mundo de la danza por compañeras como la bailarina Deisy Mesías García. Las coreografías de colaboradoras como Ana Rojo Delgado han ampliado claramente la repercusión de las acciones de unas mujeres que han encontrado un lenguaje propio desde el que reivindicar sus derechos.

Para una mayor profundización en la historia y el trabajo de Territorio Doméstico recomiendo el visionado del documental Territorio Doméstico. Politizando las ollas, las calles y los delantales de Mayobanex Pimentel en el que tuve el honor de trabajar y cuyo estreno se produjo en uno de los escenarios más atípicos de la danza en Madrid en los últimos años: el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Javier Ramírez Serrano

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