Las bailarinas criselefantinas del Museo Casa Lis de Salamanca

En la espléndida ciudad de Salamanca, conocida por mantener en activo la Universidad más antigua de España y por su maravilloso patrimonio histórico-arquitectónico sorprende al visitante la existencia de un palacete modernista situado sobre la antigua muralla, y dotado de dos fachadas a causa de la irregularidad del terreno. El acomodado industrial Miguel de Lis (1855-1909) encargó la construcción del edificio, que se concluyó en 1905. Con el desgaste ocasionado por el paso del tiempo y después de pertenecer a diferentes propietarios, fue expropiado por el Ayuntamiento en 1981, para salvarlo de la ruina, restaurarlo y dedicarlo a fines culturales. Fruto de estos trabajos es precisamente la espectacular vidriera emplomada que cubre el patio central sustentado sobre columnas de hierro, y que en su origen fue abierto. Puedo asegurar que el caleidoscópico juego de luces que se disfruta al contemplar esta vidriera no dejará a nadie indiferente, como sucede con las galerías de la fachada que da al río Tormes, una de ellas utilizada ahora como cafetería.

En 1990 entró en juego otro elemento fundamental, la donación a la ciudad de Salamanca de la importante colección personal, de estilo Nouveau y Déco, del anticuario y coleccionista salmantino Manuel Ramos Andrade. Fue entonces cuando el Ayuntamiento cedió la llamada Casa Lis a la Fundación Ramos Andrade para que se creara el Museo Art Nouveau y Art  Déco con los fondos del anticuario. El Museo Casa Lis abrió sus puertas en 1995, y se ha convertido en visita obligatoria, y grata, para quienes acuden a Salamanca.

La colección que se puede ver hoy en las veinte salas de la Casa Lis comprende desde los vidrios, la joyería, los abanicos, muñecas antiguas y juguetes, porcelanas y esmaltes, bronces, muebles, criselefantinas…, pero todas las piezas guardan un elemento común: que pertenecen al movimiento Art Nouveau y Art Déco, como se denominaba en Francia a lo que nosotros llamamos modernismo.

De todas las piezas expuestas me detendré, como no podría ser de otra manera dada la temática de nuestro blog, en aquellas que tienen que ver con la danza y, especialmente, en la maravillosa y sorprendente colección de figuritas que representan a bailarinas.

Durante las primeras décadas del siglo XX se puso de moda entre la burguesía europea la adquisición de numerosas esculturas criselefantinas para decorar sus casas, lo que dio lugar a que estas piezas fueran producidas en gran cantidad. Muchas de ellas, aunque recibían el nombre de criselefantinas, no estaban confeccionadas con oro y marfil, como las de la antigüedad clásica, sino que eran de bronce –utilizado para los vestidos, tocados y otros detalles– y marfil para recrear las partes visibles del cuerpo y el rostro, con bases de mármol. Como ejemplos de ello, en el museo podemos ver a la Bailarina hindú y la Bailarina de Tebas (ambas de 1930) de la escultora belga Claire Colinet, de quien se exponen cinco criselefantinas. O la Bailarina rusa (1913) del escultor francés Paul Philippe.

La Casa Lis conserva ciento veintidós criselefantinas de diferentes escultores y veinte de las expuestas pertenecen al artista rumano Demetre Chiparus que desarrolló su actividad como escultor en París, donde se instaló en 1912, convirtiéndose en uno de los creadores más destacados de este tipo de obras. Al contrario que las bailarinas de Degas –que reproducen movimientos del ballet académico y llevan tutus de tul–, Chiparus solía representar a mujeres y bailarinas exóticas en posiciones más libres y llenas de movimiento y detalles, como si cada obra fuera una pieza de artesanía y no de manufactura casi industrial. Inmortalizó tanto a bailarinas de cabaret –tan de moda durante esos años en París–, como de países exóticos idealizados –una clara reminiscencia del periodo romántico durante el que resultaba muy atractivo el orientalismo–. También retrató a algunos artistas que formaban parte de la Compañía de los Ballets Rusos de Diaghilev, que durante esos años actuaron en París, y cuyos diseños de vestuario y decorados influyeron tanto en la moda, como en los objetos decorativos utilizados para ornamentar las residencias particulares. Entre mis piezas favoritas de Chiparus presentes en la Casa Lis destacaré dos: la Ayouta (1930) con su elegante attitude detrás, sus líneas alargadas, su media punta altísima y esa estilizada falda larga y plisada que parece hecha de tela. Y la exquisita Dourga (1925), enfundada en una moderna malla completa realizada en bronce y cuya esbeltez se ve acentuada por sus brazos levantados a los lados de la cabeza (en quinta posición allongé), que conectan con su alto relevé casi sobre los dedos de los pies, pero sin llevar zapatillas de puntas. Esta figura de 59 cm. está expuesta sobre una plataforma giratoria, que nos permite observarla desde todos sus ángulos, y disfrutar de cada detalle, hasta quedar completamente cautivado por su absoluta belleza.

Además de Francia, otros centros destacados en la producción de criselefantinas fueron Austria y Alemania, donde se caracterizaron por utilizar bronce policromado. Mientras que los Ballets Rusos ejercieron su influencia principalmente en las criselefantinas francesas, el Ballet Triádico de Oskar Schlemmer inspiró a varios artistas germanos. Por ejemplo, a Otto Poertzel quien esculpió The Top (1930), una bailarina con un tutu rígido en clara conexión con uno de los diseñados para el Ballet Triádico y que, por cierto, también nos recuerda a los tutus verde pistacho utilizados por William Forsythe en su coreografía The vertiginous thrill of exactitude, de 1996.

O el austriaco Karl Hagenauer, autor de las figuras de Josephine Baker y la cantante Carmen Miranda que expone el Museo. La primera, retratada en 1925, aparece con una larga falda roja y desnuda en su parte superior, mientras que Miranda, también con un vestido rojo, parece estar realizando un paso de baile en el que una de sus piernas es visible hasta el muslo. Sin embargo, en esta figura no luce uno de sus característicos y exagerados tocados de frutas, sino un sobrio sobrero cordobés.

Por último, citar a uno de los representantes más importantes dentro de la corriente naturalista, Ferdinand Preiss, que también está presente en la Casa Lis con varias obras. Entre ellas Cabaret (1920), una mujer vestida con una especie de vestido/ bañador azul, corto y ajustado, cuyo rostro está lleno de expresividad. 

En resumen, esta colección de bailarinas criselefantinas es absolutamente excepcional y un verdadero disfrute, no solo para los amantes de la danza, sino para todos aquellos que tienen la ocasión de visitar el Museo Casa Lis.

Laura Hormigón

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